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domingo, 20 de noviembre de 2011

Odio los lunes capitulo 3 parte 1.

 ODIO LOS LUNES CAPITULO 3 PARTE 1.
Tenía que arriesgarme. Era mi única opción. No podía salir por la puerta. Me acerqué a la ventana, y entonces me fijé en un bulto que salía de la pared en una esquina. Nunca me había fijado. Me sorprendí, parecía un teléfono, nunca me había dado cuenta, pero cuando lo pensé, recordé que muchas veces, cuando se estropeaba internet, el profesor llamaba alguien, pero no lo hacía con su móvil. Decidí intentar llamar, marqué el número de mi casa. Presioné el botón de llamar, una voz femenina me indicó que el número al que llamaba estaba apagado o fuera de cobertura. Alguien debía haberlo desconectado, es muy raro que un fijo pierda la cobertura de repente. Marqué varios números más, en todos comunicaba. Como última esperanza marqué el 112. Una voz muy ronca hablaba, parecía una grabación. Decía exactamente lo siguiente: Estamos en situación de alerta. No salgan de sus casas, a no ser que puedan llegar a la zona segura más próxima rápidamente. La policía no puede ayudarle, la mayoría de agentes están peleando contra la infección. Por favor, manténganse a la espera. El mensaje se repetía una y otra vez, ahora si estaba preocupado, al parecer había un problema muy gordo, ¿Qué era eso de la zona segura? Y lo peor ¿A dónde iría?

 ¿Si llegase a mi  casa y no hubiera nadie que haría? Pensé que debería intentar llegar a su casa sus padres no se habrían ido sin él. Me volví hacía la ventana y pensé en como bajar. Había una tubería de la que podría cogerme. No tenía nada con lo que asegurarme, ni una mísera cuerda. De todas maneras me atreví. Saqué un pié fuera de la ventana, lo apoyé contra un tubería horizontal, y saqué el otro, sujetándome con una mano a la ventana, me agarré con la otra a la tubería. Solté la mano de la ventana, perdí el equilibrio, pero conseguí agarrarme a tiempo. Bajé un pié, no tenía donde apoyarlo, tendría que deslizarme, me agarré mas fuerte aún. Empezaba a resbalarme. Me ardían las manos pero no podía soltarme y no tenía nada con qué cubrírmelas. Estaba ya muy cerca de la ventana del primer piso, cuando oí un ruido que no me gustó nada. Parecía de la tubería, estaba a punto de soltarse.
La tubería se abalanzaba hacía el suelo, conmigo subido a ella. Tenía que hacer algo.

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