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viernes, 18 de noviembre de 2011

ODIO LOS LUNES CAPITULO 2 PARTE 5.


ODIO LOS LUNES CAPITULO 2 PARTE 5.
Cuando me fui a dormir, deseé que la mañana siguiente no llegase, pero por desgracia llegó. Sobre las 7 de la mañana mi madre me despertó. Me dijo que fuera desayunando, que ella bajaba al garaje a subir las bolsas que había estado preparando. Le dije que sería mejor que bajásemos las dos juntas, pero me dijo que tendría que hacer varios viajes y que teníamos prisa.
Fui a la cocina y vi que en la mesa había un vaso de leche, una tostada y unas magdalenas. Nunca desayunaba tanto, pero pensé que sería mejor comer bastante hoy. No sabíamos cuanto tiempo íbamos a pasar sin comer, esperaba que poco, pero nunca se sabía, quizás la zona segura estuviera demasiado llena y nos tuvieran que racionar la comida.
Estaba muy nerviosa, desayuné rápidamente y me vestí. Como mamá no subía, pensé que alomejor quería que qué yo bajase las dos bolsas que faltaban, así que apagué las luces, cogí las llaves y las bolsas y cerré la puerta con llave, no sea que alguien intentara entrar a robar. Cogí el ascensor y bajé al garaje. El coche estaba enfrente de la puerta, las bolsas que mamá había bajado estaban en el suelo, al lado del coche, pero mamá no estaba. Se oía un ruido de golpes metálicos de fondo, pensé que podía ser mamá. Fui corriendo, y no me gustó nada lo que vi. Era Nuria, la vecina del cuarto piso, se llevaba muy bien con mi madre, pero estaba aporreando el coche, en el que mama estaba subida. Me vio y me indicó con señas que distrajera a Nuria. No me lo pensé dos veces, tenía que ayudar a mamá. Me puse a gritar y Nuria se dio la vuelta y me miró. Empecé a correr gritando y haciendo ruidos. Se tambaleaba, apestaba y tenía la boca llena de sangre. Me asusté, no sabía que le pasaba. Quizás fuera resultado de ese virus. Parecían los mismos síntomas, agresividad, halitosis, palidez…
Ya se acercaba hacía mí, iba como mareada, pero era rápida, empecé a correr y entré en la parte donde estaban los ascensores, los llamé a todos, últimamente habíamos pagado una gran cantidad de dinero por aumentar el espacio de los ascensores, era hora de aprovecharlo de verdad, el ascensor llegó, pulsé el botón del séptimo piso, pero mantuve la puerta abierta, Nuria ya estaba casi a mi lado, podía olerla mejor, apestaba. Me metí al fondo del ascensor y ella también entró.
Era el momento de salir, la puerta estaba a punto de cerrarse, me agaché y me lancé por el suelo, conseguí salir y la puerta se cerró con Nuria dentro.
Ya podíamos centrarnos en guardar las cosas en el coche.
Solo faltaba guardar la maleta con mi ropa cuando oímos el ruido que hace el ascensor al subir o bajar pisos. Deseé que no bajase al garaje, pero por desgracia, así sucedió. Porqué de todos los botones, Nuria le había dado al del garaje… Vaya suerte. Pero un momento, para bajar al garaje había que meter la llave, así que debía de ser alguien que tuviera la llave y supiera usarla. En ese momento me alivié, pero no duró mucho. Estábamos algo lejos del pasillo de los ascensores. Pero pudimos oír una voz que decía:
-Entramos rápido, cogemos el coche del pavo, si lo encontramos, menos mal que el mando es inalámbrico. Si encontramos alguna de “esas cosas” nos la cargamos, cogemos el coche y salimos pitando.
Me parece que mamá no les oyó, pero yo sí, pensé que me moría, mamá ya había guardado la ultima bolsa en el coche, y se estaba sentando, empecé a correr, desesperada hacía el coche, abrí la puerta trasera y la cerré rápidamente y me agaché, le indiqué a mamá que hiciera lo mismo.

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